SEGURIDAD ALIMENTARIA
El problema de la alimentación y subnutrición mundial alcanzó niveles sin precedentes en el 2009, año para el cual se registraron 1020 millones de personas en estado de subnutrición o padeciendo hambre. Solo en el periodo 2008-2009, el número de personas subnutridas, especialmente en los países en desarrollo, aumentó en 105 millones, a pesar del esfuerzo de la comunidad internacional por combatir el hambre y la desnutrición.
Las Organización de las Naciones Unidas, a través de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ha venido impulsando programas de desarrollo y cooperación para países menos desarrollados y en desarrollo; que buscan, principalmente, resolver los problemas de producción interna y abastecimiento de alimentos, acceso a una canasta básica de alimentos por parte de la población y asistir a situaciones focales de emergencia que comprometan la seguridad alimentaria de la población. Asimismo, otras iniciativas como el “Día mundial de la Alimentación” y la “Petición para poner fin al hambre – 1 billón de personas que sufren hambre” vienen sirviendo para concientizar a la comunidad internacional sobre la importancia del problema.
Un estamento importante en la lucha contra el hambre es, sin duda, el Comité de Seguridad Alimentaria (CFS), la cual en su 35º período de sesiones celebrado en Roma, Italia el 14, 15 y 17 de Octubre del 2009, llegó a un acuerdo sobre una profunda reforma cuyo objetivo es transformarlo en la principal plataforma inclusiva internacional e intergubernamental dedicada a la seguridad alimentaria y la nutrición. Las reformas del CFS se han concebido a fin de concentrar la visión y la función del Comité en los esfuerzos mundiales de coordinación encaminados a eliminar el hambre y garantizar la seguridad alimentaria para todos. Tales esfuerzos comprenden el apoyo a los planes e iniciativas nacionales de lucha contra el hambre, la garantía de que se escuchen todas las voces pertinentes en el debate sobre las políticas de agricultura y alimentación, el refuerzo de los vínculos a nivel regional, nacional y local y la fundamentación de las decisiones en datos científicos y en los conocimientos más avanzados. De esta manera, se estaría enfrentando al hambre de forma más organizada y sin duplicar esfuerzos ni presupuestos.
En lo que se refiere a la región de Latinoamérica y el Caribe, la situación alimentaria se ha polarizado entre los países de la región, por un lado tenemos a países que han reducido sus niveles de hambre y desnutrición en más del 50% de acuerdo a las metas del milenio; en tanto que otros países han visto su condición agravada por políticas insuficientes, desabastecimiento o fenómenos naturales. La cifra de personas que sufren hambre y subnutrición en la región alcanzó los 53 millones para el 2009 (aumento del 12,8% desde la evaluación anterior realizada en el 2007), cifra que a pesar de ser muy alta, está muy por debajo de las cifras asiáticas y africanas. En ese sentido, la cooperación mundial se ha direccionado, preferentemente, hacia estas dos últimas.
A nivel global se observa, no obstante, el incremento de los niveles de hambre y desnutrición y un descenso sustancial en los niveles de ayuda para el desarrollo agrícola que han pasado de 20 000 millones de dólares por año en la década de los ochenta, a 5 000 millones de dólares para el 2005.
La información anterior es de suma utilidad para que la región pueda diseñar apropiadamente sus planes de combate al hambre y la desnutrición, privilegiando la utilización de sus propios recursos y haciendo uso de la valiosa herramienta que es la cooperación regional.
En ese sentido, las iniciativas nacionales y regionales para combatir el hambre y la desnutrición empiezan a cumplir un rol protagónico en esta lucha.
En el caso de las pesquerías y su rol en la lucha contra el hambre y la desnutrición, se sabe que estas representan un gran porcentaje de la canasta familiar de alimentos en los países caribeños, caso contrario ocurre en los países latinoamericanos, donde su consumo es aún bajo. Según datos estadísticos de la FAO al 2008, el consumo mundial de pescado y productos pesqueros per cápita habría aumentado constantemente, progresando desde 11.5 kg. durante los años setenta, hasta alcanzar los 16,4 kg. para el 2005. En la región, el consumo de pescado se encuentra debajo de estos niveles, alcanzando en América Central los 9,5 Kg/persona /año y 8,4 kg/persona/año en América del Sur.
En este sentido, la alternativa de promover el incremento de consumo de pescado en la región como una herramienta para combatir el hambre, viene tomando fuerza. Para esta iniciativa se debe tener en cuenta el alto potencial pesquero con el que cuenta la región, que actualmente contribuye con un total de 17,8 millones de toneladas a la producción pesquera mundial (12.69%) siendo las pelágicas las principales especies pescadas en la región. Sin embargo, estas especies pelágicas apenas contribuyen con alrededor de 1,6 millones de toneladas a la alimentación directa de los más de 500 millones de latinoamericanos y caribeños (la proteína consumida proveniente de las especies de pequeños pelágicos representa menos del 1% del total de proteína consumida por la región).
Observando las cifras antes mencionadas, la conclusión es que resta mucho por hacer a nivel regional para aumentar el consumo de pequeños pelágicos y que el potencial de estos recursos no se está aprovechando adecuadamente. Una simple comparación da algunos indicios sobre como las especies pelágicas podrían contribuir mejor al combate contra el hambre. En la región la captura de pequeños pelágicos es de aproximadamente 8 millones de toneladas y la demanda para consumo humano bordea los 9 millones de toneladas, tal vez sería conveniente frente a esta evidencia - simple debemos insistir – una política de distribución del recurso que, sin perjuicio del funcionamiento de la industria, favorezca en alguna medida la producción de alimentos. En la región ya ha habido casos exitosos en la promoción de consumo de especies pelágicas, una de ellas es el caso de Perú, cuyas políticas de promoción de consumo de anchoveta, lograron promover la utilización de más de 100,000 TM de anchoveta para consumo humano directo en el 2008.
OLDEPESCA ha entendido y planteado que la importancia de estas especies de pequeños pelágicos no solo radica en la mayor accesibilidad que representan para las poblaciones menos favorecidas frente a otros alimentos proteicos, también son importantes por representar una mejor alternativa nutritiva por contener una mejor calidad proteica. De esta manera, en la XVII Conferencia de Ministros de OLDEPESCA, celebrada en Mérida, México en 2005, mediante la Resolución Nº 236-CM-2005 se reafirmó el compromiso de los países miembros para realizar acciones específicas y urgentes en apoyo de la seguridad alimentaria mediante el suministro y acceso a productos pesqueros de óptima calidad. Asimismo, se aprobaron las estrategias regionales que servirían de referencia para la formulación de actividades que contribuyan al reforzamiento de la seguridad alimentaria en los países miembros.
Posteriormente, en la XIX Conferencia de Ministros de OLDEPESCA, celebrada en la ciudad de Lima, Perú entre el 5 y 6 de junio de 2008, mediante la Resolución Nº 271-CM-2008, se aprobaron los términos de referencia del proyecto “Desarrollo de Tecnologías Pesqueras para el Aprovechamiento de Pequeños Pelágicos en la Provisión de Alimentos en América Latina y el Caribe”.
Esta idea se vio materializada con la realización del “Taller sobre Utilización de Pequeños Pelágicos para la Seguridad Alimentaria en América Latina y el Caribe”. del 11 al 13 de Noviembre del 2008, en la ciudad de Lima, que fue posible gracias al apoyo del Gobierno de Perú, mediante su Ministerio de Producción, y del Gobierno de España, a través de su Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. En dicho taller, se expusieron las realidades de las pesquerías de pequeños pelágicos en la región, y se tomó conocimiento del importante avance que ha logrado el Perú en el desarrollo de productos a base de estas especies en función a su política nacional de promoción de consumo, por lo que se consideró necesaria la difusión de sus tecnologías y políticas a nivel regional.
Entre las actividades actuales de la Organización se encuentra la coordinación para la realización del “II Taller sobre la utilización de pequeños pelágicos para la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe”, el cual busca continuar con los avances hechos por el taller predecesor. También se han elaborado los “Términos de Referencia para el establecimiento de un curso anual de entrenamiento en tecnologías de procesamiento pesquero”, los cuales nacen de la coordinación realizada con el Instituto Tecnológico Pesquero del Perú (ITP) para el establecimiento de un curso de capacitación que incentive la producción e inserción de nuevos productos a base de pequeños pelágicos en los mercados de la región. Por último, la Dirección Ejecutiva presenta ante la actual Conferencia de Ministros los “Términos de Referencia para Proyecto de Cooperación que promueva la capacitación y entrenamiento de técnicos en sistemas de captura”, el cual busca desarrollar mejores técnicas pesqueras y mejorar el esfuerzo pesquero destinado a la pesca de pequeños pelágicos.
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